Sunday Message

SPEAK, LORD, WE ARE LISTENING


In today’s first reading God keeps calling out
in the night to a sleeping boy. Neither the boy, Samuel,
nor his teacher, Eli, understands who is calling.
But God’s persistence convinces them. Samuel is
then ready—not ready yet to do anything, but
ready to listen. “Speak, for your servant is listening”
(1 Samuel 3:10).

 

In the Gospel Jesus is out teaching. Various
people notice him and begin to gather around. They
soon become disciples and, like the young Samuel,
are ready—not ready yet to do anything, but ready
to listen. “Speak,” they say, “we are listening.”


God’s voice is always with us, awake or
asleep. It swirls around us like fog on a waterfront,
enveloping us, gently urging us to wake up, to listen.
Awareness of the voice comes first; then willingness
to listen; then, in time, the decision to act,
to live according to God’s word. Let’s ask today for
the ability to keep our ears open so we don’t miss
God’s voice.


HABLA, SEÑOR, ESTAMOS ESCUCHANDO


En la primera lectura de hoy Dios llama repeti-
das veces en la noche a un niño dormido. Ni el
niño, Samuel, ni su maestro, Elí, entienden quién
está llamando. Pero la persistencia de Dios los
convence. Samuel ya está listo; no para hacer algo
todavía, pero dispuestos a escuchar. “Habla
Señor, tu siervo te escucha” (1 Samuel 3:10).


En el Evangelio, Jesús está afuera enseñando.
Varias personas lo ven y comienzan a reunirse
alrededor. Pronto se convierten en discípulos y, al
igual que el joven Samuel, están listos, no para
hacer algo todavía, pero dispuestos a escuchar.
“Habla”, dicen, “te escuchamos”.


La voz de Dios está siempre con nosotros, ya
sea que estemos despiertos o dormidos. Se arremolina
a nuestro alrededor como la niebla en una
costa envolviéndonos, suavemente nos urge a
despertar, a escuchar. Estar conscientes de la voz
es lo primero; luego la voluntad de escuchar; y
más luego, con el tiempo, la decisión de actuar,
de vivir según la Palabra de Dios. Vamos a pedir
hoy por la capacidad de mantener los oídos
abiertos para que no se pierda la voz de Dios.

 

 

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